¿Para qué sirve el litio en psiquiatría?

1. Prevención de las fases de depresión y manía en el trastorno bipolar


El efecto preventivo de la aparición de las fases de depresión o manía fue demostrado por el psiquiatra danés Mogens Schou en el año 1966. Los resultados de estudios posteriores han replicado este hallazgo y mostrado un efecto superior del litio cuando se le compara con otros estabilizadores del ánimo. Por estas razones, el litio se debe considerar como una alternativa de primera línea para el tratamiento profiláctico o de mantenimiento del trastorno bipolar.

2. Efecto en el tratamiento de la depresión bipolar aguda y de prevención de la depresión mayor recurrente (unipolar)

El uso del litio como como un potenciador de los antidepresivos en el curso de una depresión resistente debe ser considerado como la alterativa de elección. Los estudios realizados por Bauer en Alemania concluyen cuando se usa el litio como potenciador y el cuadro depresivo remite, el uso de litio se debe mantener con la misma dosis que se logró la mejoría del ánimo; por un período de al menos un año.

3. Litio como como medicamento en la prevención del suicidio

Estudios de seguimiento de pacientes con trastorno bipolar tratados con litio por periodos prolongados de tiempo en Europa Y Norteamérica coinciden en que los pacientes que se tratan con litio presentan una menor tasa de intentos y de suicidio consumado, comparados con las personas que toman un anticonvulsivante como estabilizador del ánimo. Más aún, en una decena de estudios se ha comprobado que las personas que viven en ciudades donde la concentración del litio presente en el agua potable está elevada, aunque sea en una cantidad pequeña, presentan una tasa de suicidio menor cuando se compara con personas que viven ciudades que tienen poco litio en el agua que consumen.

4. Efecto neurotrófico y neuroprotector

En personas que usan el litio se han encontrado un aumento del volumen del hipocampo, del tálamo, de la amígdala y de la corteza cerebral lo que se ha relacionado por la capacidad de éste, aumentar la neurogénesis (generación de nuevas neuronas) y de las células de la glía (sostén) del cerebro. En base a estos estudios se puede afirmar que el uso de litio produce nuevas neuronas. 

5. El litio podría reducir el riesgo de demencia

Estudios realizados en Dinamarca y Brasil han encontrado que el uso de litio se asocia con una menor incidencia de demencia. Una dosis pequeña de litio del orden de 150 mg al día durante un año en mujeres mayores que presentaban deterioro cognitivo leve, disminuyo la velocidad de deterioro cognitivo comparada con mujeres que recibieron un placebo (droga inerte). Sin embargo, la indicación de litio en la enfermedad de Alzheimer deberá esperar algunos años, hasta que estudios controlados demuestren que éste tiene un efecto superior al de un placebo.  

6. Efectos adversos

El uso de litio debe ser indicado por un médico psiquiatra y se debe controlar con exámenes de laboratorio que chequeen la concentración de litio en la sangre (litemia), el funcionamiento del riñón y de la glándula tiroides y paratiroides, con una frecuencia al menos cuatro veces al año.

Como regla general, en un adulto se recomienda subir la dosis de litio en forma gradual hasta alcanzar una litemia entre 0,6 y 0,8 mmol/LT, para obtener el efecto terapéutico de prevenir de las recaídas de manía y depresión

El perfil de efectos adversos del litio es relativamente benigno cuando se usa en las dosis usuales, se realiza una monitoreo frecuente y se evitan las sobredosis

Los efectos secundarios, no ocurren en todas las personas que lo toman. Cuando aparecen, los más frecuentes son el temblor, sed, aumento de la diuresis, diarrea y disminución de la incorporación de yodo a la tiroides. El 15% de las personas que toman litio en forma prolongada pueden presentar un hipotiroidismo, el que corrige fácilmente con un suplemento de hormona tiroidea. Otro efecto adverso que podría aparecer asociado al uso prolongado del litio es un menoscabo de la función renal y que se evidencia por el aumento de la creatinina y una disminución de la capacidad de filtración del riñón. Esta disminución de la función renal se presenta después 20, 30 o más años de uso y se previene con el uso de la dosis mínima terapéutica, evitando la intoxicación, y haciendo controles períodicos de litemia y función renal.

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